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Visita a la biblioteca

Un grupo de niños de primaria de San Agustín, Etla, fueron a visitar la biblioteca infantil de la ciudad.

Con su maestra abordaron un autobús y llegaron al pie del cerro del Fortín, desde donde abría sus puertas la biblioteca que pertenecía a un señor muy rico que la mandó construir para que su hijo beisbolista no se retrasara en los estudios por el juego.

Desde lo alto los niños observaron la ciudad que abría sus calles en el fondo del valle; en la cabeza, mentalmente, buscaron sitios conocidos, sólo alcanzaban a ver torres y cúpulas, banderas y trazos que se extendían en el aire de la mañana como camino de hormigas.

Era un día de lluvia pero los niños llegaron repletos de alegría por el simple hecho de haber puesto un pie en el escalón del transporte.

En la biblioteca fueron recibidos con la luz que desprenden los libros recién desempolvados, limpios en un lugar donde diariamente los presentaban como para salir a una fiesta.

Pasaron por salas, las paredes estaban forradas con muebles que contenían volúmenes gruesos, esbeltos, altos, bajitos; títulos, colores. Afuera caía la lluvia pero en la casa de los libros no entraban las gotas de agua.

___ De esta visita podría salir una historia –dijo la pequeña Lucía.

Ancira, una niña, preguntó si entre los libros podía encontrar una hoja disecada, buscó; los bibliotecarios le explicaron que las hojas, vivas o disecadas no tienen cabida entre las hojas de los libros.

___ ¿Y una flor?

___ Las flores son para iluminar la tierra, no los libros –dijo el bibliotecario con cara de topo.

Ancira preguntó por una mariposa, tampoco le respondieron, las mariposas son dueñas del aire, no de los libros. Terminó preguntando por un grillo, en la escuela le había dicho el profesor que abriera bien los oídos para escuchar la voz bajita de los grillos entre el silencio de la biblioteca.

Los trabajadores de la biblioteca le explicaron que en los libros no tienen lugar plantas o animales, sólo las letras e imágenes, números que pueden nombrar a las especies para representarlas.

___ Entre los libros una flor son cuatro letras y no trece pétalos –dijo el hombre cara de topo.

¿Por qué se representan las cosas? Preguntó Miguel, ¿por qué no entran las cosas con su forma conocida a los libros? Pudiera haber libros de plantas con plantas, flores con flores; un libro del arco iris con páginas de muchos colores, opinaron los niños.

La paciente directora de la biblioteca explicó que las formas ocupan un espacio sobre el aire, la tierra o los mares y que el lenguaje ocupa la tierra entera y que las formas pueden ser nombradas con palabras escritas que al ser leídas se presentan al momento como si estuvieran en su forma original frente a los lectores.

___ ¿Representar es la forma del lenguaje? –preguntó Luis.

___ Nombramos como la representación de las cosas –dijo la directora-, lo hacemos por un asunto de economía de tiempo porque si alguien quisiera nombrar a todas las especies del reino animal, por ejemplo, tardaría una eternidad.

Los niños pasaron a la sala silenciosa.

___ El silencio se palapa –advirtió Macario.

___ El silencio es parte del lenguaje –dijo Gabriel-,  al ser representado ocupa un lugar en el espacio.

___ ¿Cómo se representan los años? –preguntó María.

___ Con números –respondió Mariela.

En el camino de regreso la maestra preguntó a los niños si se habían divertido aquella mañana en la biblioteca.

___ La visita forma una gran historia, ¿pero a quién se la contamos si todos los amigos nos acompañaron en esta visita?

___ A los niños que no pudieron acompañarnos –dijo Esteban.

___ ¿Cómo contarían la historia de su visita a la biblioteca? –preguntó la profesora.

___ Con letras y dibujos –respondieron los niños.

Afuera del autobús la lluvia inundaba las calles de la ciudad, se arrastraba lenta por el camino con su capa gris mientras las personas se protegían bajo el alero de las casas.

___  –dijo Jazmín-, siento que hicimos un largo viaje por mundo y en un instante estaremos de vuelta en la escuela, sin que nos haya tocado una gota de la lluvia.

___ Para mí fue triste –dijo Carmen-, había en las salas tan pocos niños.

___ Yo descubrí un libro con la imagen de un león –dijo Alberto-, pero no se lo dije a nadie para no hacer que atacara la fiera.

___ ¿A quién contaremos esta historia? –preguntó Luisa.

___ A los niños afectados por el terremoto –gritaron los niños con el rostro iluminado por la alegría.




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