casas-derruídas-en-Juchitán-

El olor del perdón

Busco el perdón, perdón Dios, perdón Dios. No deja de temblar, la tierra, el camino, las calles donde se levantó mi pueblo; nada queda en pie, nada está como yo lo tengo en el recuerdo, las cosas rotas, abandonadas. Perdón Dios, no reconozco este pueblo. Para colmo de males todo se lo llevó la tierra que tiembla, que ya no es mía; ni el cuarto del santo levanta su olor de flores, todo son cuarteaduras; ni un lugar quedó para la mesa del santo, el mantel limpio, mi aceite; para que encienda el pabilo, queme copal. Perdón Dios.

Una mujer sin entrañas reparte boletos en el patio. Llega con gente, toman fotografías. ¿Qué gente es esta? ¿Para qué me sirve un boleto si acabo de enterrar a mi madre? En lugar de traer ayuda traen papelitos. ¿Qué somos chamacos?

Ni a los animales se les trata con tanto desprecio como nos trata la presidenta. Antes valía el sello de la presidencia, ahora no vale. El sello, su águila morada era signo de ayuda, fuerza, poder; mira ahora Ni la burla perdona. Se cayó el palacio, salieron todos los lagartos, andan en las calles, reparten boletos, ¿acaso piensan que estos es una rifa? Ay, perdón Dios, perdón.

Camino sin rumbo por las calles. Buenas tardes, buenos días. Hay gente buena. Todavía saludan. ¿Cómo vamos a pelear entre nosotros si las cosas de la casa están tiradas en el patio? La ropa y el petate a la vista del que pasa, ni una sábana para esconder el cuerpo. Ni el bañito dejó el temblor. Bajo el almendro me baño, cierro los ojos; para que nadie me vea busco la noche, lavo mi cuerpo. Ni una sombra donde ocultar el cuerpo, perdón Dios.

Tuve por madre a una mujer dura, mucho regañaba. La pobre sufrió, nació pobre, tuvo mala suerte, casó con un marido malo, mucho le pegaba, a golpes la traía. Por todo echaba maldición sobre su cabeza.  Mi padre era borracho, campesino borracho; pobre. Desgraciado. Sufría con la pobreza, sólo se defendía con golpes a mi madre, mis hermanos; maldiciones. Perdón Dios.

Murió mi padre, qué bueno. Así descanso de su larga enfermedad. Por la tomadera se infló como un sapo, puro acostado estaba, desde el catre echaba madre. De aquél hombre fuerte quedó una bestia que rugía. Murió el pobre, lo enterramos. Con sacrificio hicimos el velorio, los nueve días; los cuarenta días. Su misa de cabo de año. ¿Qué más podía hacer mi madre? Sólo sabía esperar en casa los golpes de mi padre. Perdón Dios, perdón.

Así crecimos, mis hermanos agarraron camino, se fueron. Ninguno se acuerda de este pueblo, rezo para que estén mejor Me quedé con mi madre, perdón Dios. Desde niña me gustó el trabajo, vender en el mercado. En la calle se encuentra otra historia, menos triste. Cuando me portaba mal mi madre me golpeaba. Sin tomar era como mi padre, puro golpe. Luego se le pasaba el coraje, en la hamaca lloraba. Para contentarme hacía la comida que me gusta, lentejas con tocino, el olor de la comida era para mi pena como si bajaran los ángeles cargados de bendiciones.

Yo le pedía perdón por haberla hecho enojar. Al otro día temprano hacía el par de blanquillos estrellados con su frijol refrito, en pasta. Todavía recuerdo el olor de los blanquillos que tronaban en el aceite caliente. Al mediodía, a la vuelta me alcanzaba el olor de las lentejas hervidas con plátano macho, chorizo, manzana, piña, su poquito de canela; ella pintaba las lentejas con achiote y sazonaba con sal de mar. Hasta la calle me alcanzaba el olor de su comida. Perdón Dios, perdón, pido perdón, Señor porque no sé resignarme a perder el pasado. Hablo de la gente, la gente habla. Mi boca, mi madre decía cierra tu boca, no hables de la gente, ay, perdón Dios, perdón, ni a la hora del temblor me hinco.

Soy una mujer sola por quedarme a cuidar a mi madre. Perdón Dios. Mira ahora con este temblor, ni madre, ni casa ni perro que me ladre. Perdón Dios, perdón. ¿Qué voy hacer?

En la calle hay militares, policías, políticos. Ladrones. Nadie está seguro. Entre el cascajo sale la gente, como hormigas entre el aguacero buscan comida entre la basura. Nadie que ayude al prójimo, perdón Dios, perdón. Puros políticos. Los rateros no paran, hasta de día entran a robar. Todo está de cabeza. Puros militares. Mi pobre madre falleció con el temblor; se le vino el muro en su espalda, no pude decirle cuanto la quería. Perdón Dios, perdón. ¿Qué voy hacer con todo este arrepentimiento?

Cuando volvimos de enterrar a mi madre me entró el cansancio, esta locura, puro caminar soy. No reconozco el pueblo, salgo a la calle y ando como sonsa. Ni sé qué ropa llevo. Saludan, buenos días ma; buenas tardes pa. Camino porque quiero estar de regreso, volver a sentir cuando me recibía mi madre en la casa con el olor de la comida que tanto me gusta. Lentejas hervidas con tocino, chorizo oreado, manzanas.

Busco ese olor de la comida de mi madre, pero todos en el pueblo andan con hambre y los viejos que nos querían tanto ya están muertos. Perdón Dios, perdón.

 

 




No hay comentarios

Añadir más