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La edad de la inocencia

TLATOANI ORTIZ

Estoy sentado en la banqueta frente a mi casa porque mi hermano llegó con su novia y me dijo que me saliera del cuarto. Siempre hace lo mismo, como soy el más chico de la familia siempre me manda. Estaba tan tranquilo, sentado en la cama practicando mis trucos de cartas cuando llegaron. Todas las veces es igual, me dicen que me salga y al poco rato comienzan a hablar bajito, luego esos ruidos raros como si hubieran corrido mucho, después el ruido de los resortes de la cama, crujiendo como si fuera a desarmarse.

Una vez me asomé detrás de la cortina que hace de puerta y los vi, desnudos, abrazándose y besándose en la boca. Es lo que llaman sexo. Mi hermano dice que es lo más chingón del mundo, que cuando sea grande también me voy a agarrar así a mis novias. Me pregunto cómo se sentirá meter mi pene en una chava. Es lo que dice que hace.

Mi hermano me explica cosas aunque a veces no las entiendo bien, por ejemplo cuando vemos en la computadora esos videos de gente desnuda y haciendo el sexo, me dice que así es como nacen los bebés, así es como todos fuimos hechos, incluso papá y mamá. Me dice que todo eso que me cuenta no se lo debo decir a ellos, que es secreto de hermanos.

Yo a mi hermano lo quiero mucho y por eso no le pregunto nada a nadie, mucho menos a papá, que siempre llega tan tarde y tan cansado que después de bañarse y cenar sólo le gusta acostarse en su hamaca y después lo escucho roncar desde el cuarto; y menos aún a mamá, a quien ni siquiera le gusta que la vea mientras se viste. Dice que ella necesita su privacidad, que debo dejarla vestirse a gusto, y yo mejor me salgo, para que esté tranquila y no se enoje si me descubre mirando la mancha oscura que tiene bajo la panza.

Cuando le pregunté si a mí también me van a salir vellos así primero se puso roja roja, y luego se enojó mucho, que porque según la estaba juzgando, lo cual no era cierto, sólo quería saberlo porque no me gusta como se ve y yo de grande, si me salen me los voy a cortar.

En los videos que veo con mi hermano nunca tienen vellos, me pregunto si sólo a algunos adultos les saldrán y a otros no, creo que cuando mi hermano y su novia salgan y él regrese de ir a dejarla a su casa se lo voy a preguntar. Pero a mamá no, además nunca está, igual que papá trabaja todo el día, pero ella en una farmacia, y él en un supermercado.

Mi hermano es buena onda, pero otra persona a quien también quiero mucho es a mi tío Jerónimo, es como mi hermano, mi amigo, no sé, pero lo quiero mucho. Él es de la edad de mi papá pero no está casado, vive aquí al lado de mi casa y tiene con sus amigos un taller de vidriería. Ellos se dedican a poner ventanas y espejos en las casas de la gente, y cuando no tienen trabajo les gusta platicar y echarse sus cervezas.

Yo a mi tío lo quiero mucho porque desde que mi hermano y yo éramos más chicos siempre jugaba con nosotros en las tardes, cuando mis papás nos dejaban para irse a trabajar, como ahora. Pateábamos la pelota, jugábamos a las escondidas y al cocodrilo. Siempre se ha portado chido con nosotros.

Hace rato, después de que mi hermano y su novia me corrieron del cuarto primero fui a ver a mi tío, pero no me gusta cuando empiezan a fumar esos cigarros que huelen raro, como a pasto quemado. Sus amigos se ríen de todo y a veces cuentan cosas chistosas, pero no me gusta ese olor porque siempre me mareo.

A veces mi tío me dice que me pare frente a él y me echa el humo en la cara, y les da risa que después de un rato como que me pesa la cabeza y me dan ganas de sentarme a pensar, porque con ese humo como que las ideas van más despacito, como si todo se hiciera lento. Por eso me mareo y no me gusta estar con ellos cuando fuman.

Otras veces, cuando ya hay varios envases de cerveza vacíos, uno de sus amigos que le dicen el Peri saca de su bolsa un papelito doblado, donde trae un polvo blanco. A mi tío y sus amigos les gusta agarrar de ese polvo con una moneda de cinco pesos y olerlo, dicen que se siente chido. Se les pone la nariz roja, les salen lagrimitas de los ojos y se ríen, gritan, ese polvo los pone muy locos. Mi tío, igual que mi hermano, me dice que son cosas de grandes y que no le diga a mi mamá, que es secreto de tío y sobrino. Pienso que el mundo de los adultos está lleno de secretos, de cosas que unos hacen pero que a otros les molestan, y que es mejor que no lo sepan.

A mí lo que me gusta es la magia. Me gusta cuando en las fiestas hay magos y hacen trucos como sacar una paloma de un sombrero, o un ramo de flores del aire, o desaparecen una moneda y la aparecen detrás de tu oreja. Mi hermano dice que eso no es magia, que son puras chingaderas, pero a mí no me importa.

Estoy aprendiendo a hacer trucos con cartas, en la feria que se puso en el centro de la ciudad había un puesto de libros viejos y encontré uno que decía “Trucos de salón” y como tenía en la portada un sombrero de mago, una varita mágica y un conejo le pedí a mamá que me lo comprara. Sólo le costó diez pesos porque las hojas ya están amarillas y la portada está un poco rota.

Ahora estoy aprendiendo cómo desaparecer un as y aparecerlo bajo el mazo de cartas, pero hay instrucciones en el libro que simplemente no entiendo. Como en todo. Ahora que llegue mi hermano le voy a preguntar. Y cuando llegue mamá le enseñaré mi nuevo truco, puede que hasta se sorprenda y la haga reír.




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