15621715_1341907659233512_7587308380294160664_n

El regreso de Cheni Lala

… una larga lista de prefacios

que anuncia una novela que no se

produce nunca.

JUAN JOSÉ SAER. El concepto de ficción

Fotografía: MARCO ANTONIO AMADOR

La historia la escuché en Luvina, cuando asistí invitado por Camilo al centenario del natalicio de Juan Rulfo. La camioneta que sale de Oaxaca a Tuxtepec se detuvo en Cerro Perico, paradero en mitad de la Sierra Juárez; era mayo, tiempo de secas pero la tarde aquella cuando bajé estaba templada.

Escribo todo esto a mi regreso de la Sierra, intento dejar esta sensación de descolocado; el espacio que entra y sale con una intensidad donde todo acontece como una curaduría obliga a dar importancia a los hechos que se están viviendo y se cuelan al sentimiento para pasar de ahí a la conciencia, permanece.

Antes del sol de la tarde, del viento frío que corre está una premonición animal que predispone al atisbo, a estar dispuesto, prevenido ante lo que se ignora. Todo resulta veloz y momentáneo como si nunca hubiera existido y todo fuera inventado o  que fuera un recuerdo impertinente que se cruza al momento menos esperado del día, allá en la hondura de lo cotidiano, cuando otros hechos de otros sitios ocupan el espacio entre lo sensible y la conciencia.

El sitio del descolocado hace la experiencia narrada, el tiempo en que no se percibe la diferencia entre la realidad y la presencia ficticia que te lleva como a protegerte de una verdad cruel y abusiva, siniestra. Así regreso a Luvina, a las calles de Macuil, la cabecera municipal, a la conversación con Camilo, en la noche de la borrachera mientras buscamos a Pablo.

___ Yo conozco al Cheni Lala, men, entré a su cueva –el hombre ebrio cuenta una historia en la tienda del pueblo, mientras se consumen cervezas y mezcales.

___ En la comunidad si tiras basura te cobran 50 pesos –advierte.

El viejo cuenta la historia del pueblo, del tiempo cuando no había caminos y se tenía que cubrir la distancia a pie entre Luvina e Ixtlán en veinticuatro horas.

___ En las tres migraciones que lleva Luvina, tres fundaciones, la primera cuando venían huyendo de la guerra, la segunda por la Conquista, la tercera por el hambre; hay una historia que llega hasta nuestros días, la de Cheni Lala,  el monstro que se robaba a los niños, que los lleva a la cueva para devorarlos.

___ Ya no cuentes la historia de Cheni Lala, abuelo, tengo miedo –el pequeño jala al viejo narrador de la camisa; afuera de la choza palpita la noche, oscura como una pesadilla.

Será por el agua que consumen, que tiene un sabor ferroso; será por el viento que baja de los cerros y que se mete hasta los huesos y se traba en la mandíbula, pero la gente de Luvina lleva los dientes partidos entre labios resecos. María Isabel estudia el telebachillerato, quiere conocer el mar.

___ ¿María, Qué vas a estudiar?

___ En la escuela de la Marina, para salir de estos cerros, de este viento y vaya por los mares muchos con la sonrisa completa, navegando.

En Luvina las mujeres sin dientes ocultan el rostro cuando sonríen, tienen los cabellos negrísimos, abundantes y son alegres, amigueras.

___ ¿Qué haces? Pregunta la mujer.

___ Aquí ando pendejeando con una historia que no se deja, rejega pues. Ando metido en puras mamadas desquiciantes, intento escribir la historia de Cheni Lala, un ser mitológico que se robaba a los niños de Luvina y los devoraba en la cueva del cerro y esa fue la razón por la cual en el pueblo quedaban puros viejos.

___ ¡Jesucristo! –exclamó la mujer-, quiero leer eso.

Y andaban con el mezcal, pero la tarde que bajé al paradero Cerro Perico, Pablo fue a buscarme en la camioneta de la policía municipal.

___ Ya estamos puestos hermano –dijo Pablo luego de saludarme con un fuerte abrazo.

En el camino, entre el bosque, Camilo y su gente estaban poniendo la señalización que indicaba la ruta a Luvina.

___ Pa’ que nadie se pierda.

Aquella altitud  sosegada contemplaba los dos océanos, Pacífico y Atlántico. La camioneta descendía hacia el aguaje cuando distinguimos a una zorrita que atravesó el camino:

___ Vienen por la cereza que ya se está dando –dijo Camilo.

___ La misma fruta que baja a comer el venado –segundó Pablo.

Descendimos de la camioneta en un recodo del camino, mientras Camilo y su gente ponían el letrero, Pablo me invitó a tomar agua del aguaje. Arrodillado puse mis labios en el agua fresca.

___ Luvina, pa’ que nadie se pierda –dijo Camilo, martillo en mano y orgulloso de su letrero.

Gabriel Ernestino organizó el recorrido de poetas y pintores en la celebración del centenario de Rulfo, bajaron y subieron las veredas, llegaron al río y volvieron a subir, vieron el panteón y las cruces viejas. La tarde en que nos saludamos ya estaba enmezcalado.

___ Esta es mi señora –dijo a manera de presentación de la mujer que lo acompañaba.

Ahí estaba el viento que sube de la cañada, necio e impertinente, en los ojos de la mujer pude distinguir la vergüenza que causa el marido ebrio.

___ Sean ustedes bienvenidos –dijo con los ojos en el piso.

Me invitaron a dormir en Macuil, cabecera municipal, distante dos bajadas y dos subidas de Luvina. En esa primera noche de conversación en grupo, Hernán me contó la historia de Cheni Lala.

___ Un chango enorme que vía en la oscuridad, esperaba a que la gente se durmiera y entraba a las casas para robarse a los niños –dijo Hernán.

Los pintores organizaron al siguiente día un taller de plástica con madres y niños de Luvina. Con el maestro Maximiliano Pérez Aquino, originario de Ixtlán, radicado en la Ciudad de México, invitamos a una mujer del pueblo a que pasara al micrófono y nos compartiera su experiencia con los pinceles.

___ Yo pensé que lo iba a echar todo a perder –dijo.

Las mantas realizadas en forma colectiva fueron expuestas sobre la malla que se levanta a un costado del edificio de la agencia, ahí, donde trepa el viento y sume hasta la cima del monte.

Luvina tiene quinientos habitantes y en los Estados Unidos existe un número similar que de gente organizada, originaria de esta comunidad. Cristina Rivera-Garza cuenta que en un parque de Los Ángeles se encontró con los migrantes de Luvina. Los migrantes apoyan económicamente con la obra pública, el edificio de dos plantas de concreto y piso de loseta es ejemplo de ello. También socorren a sus familiares cunado azota el mal tiempo y no se dan las cosechas. Desde la loma se pueden ver las estrechas calles pavimentadas, toda la localidad goza del pavimento; la iglesia de San Juan recién pintada, la limpia explanada de la agencia.

___ Neee, men, yo no soy de los Maras, soy gente de Las Afueras –el hombre pregunta en la cantina- ¿quieren saber de Cheni Lala?

Muestra en su teléfono un video de la entrada a una cueva profunda. En ese momento llega Pablo y el hombre intempestivamente se levanta de la mesa.

___ Yo traigo pleito con Macuil –se fue mascullando.

En el carnaval de Luvina la gente sale disfrazada, en la calenda convidan mezcal y baile a los que se encuentran por su paso. La banda municipal ameniza el momento y la población entera dice versos sobre los hechos relevantes ocurridos en el año. El verso a manera de cuarteta octosílaba sirve para informar y retener los hechos que lastimaron a la comunidad, para guardar memoria mientras se baila y bebe mezcal. La poesía funciona como un periódico, sirve para llevar noticias.

___ En el carnaval del pueblo dijeron del millón de pesos que se robó la autoridad de Macuil –me dijo Camilo mientras buscábamos a Pablo en la noche de la borrachera allá Luvina.

San Martín por la Secundaria, Oax, mayo 18 de 2017.




No hay comentarios

Añadir más