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Vamos a apagar la luz / CAPÍTULO XII

La oscuridad

Ha pasado mucho tiempo desde que se dejaron, ya no recuerda su nombre, la fecha de su cumpleaños, su número de teléfono ni el día de su aniversario. Ya olvidó el sabor de sus labios. A veces alguien pregunta por él y ella descubre que lo ha olvidado. Ya no duele, ya no suspira, ya no recuerda los besos ni los abrazos. El amor se esfumó entre la gente y las risas que los amigos han ido dejando.

-¿Ya no lo amas?- pregunta el hombre que está recostado en su regazo.

-¿A quién?- responde.

-A nadie, mejor cuéntame, escritora. ¿Si me enamoro de ti escribirás nuestra historia?

-No, nunca escribo sobre mí, aunque parezca raro.

-¿Entonces qué caso tiene amarte, besarte, buscarte si como a él un día vas a olvidarme?

-No era mi historia, era su historia, era la historia de una mujer que se ha esfumado. Hace mucho que no la veo.

-Yo si, la vi hace poco, salimos, conversamos, me dijo que de amor se muere uno tantas veces que hasta aprende a resucitar.

-Eso lo dijo un poeta.

-Pero a ella le gustaba citarlo.

-¿Te enamoraste de ella?

-Me enamoré de su corazón, estaba remendado, desgastado. Pero palpitaba, era fuerte, a pesar de todo seguía creyendo en el amor.

-Que romántico.

-Eso te gustó de mí, por eso estamos aquí, ¿y ahora? ¿qué sigue? ¿Te beso? ¿Me besas? ¿Nos besamos?

-Bésame… pero.

-¿Pero?

-Vamos a apagar la luz.

Y en medio de la oscuridad se besaron.

 




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