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Vamos a apagar la luz / CAPÍTULO XI

Historia

A veces el amor es tan fugaz que los años se evaporan en un suspiro, tan incendiario que arrasa con todo a su paso, tan volátil que un día cambia y se convierte en algo desconocido que solo hace daño.

Esta historia duró dos años, dos años de verse entre paredes y susurrarse secretos cuando nadie estaba mirando, ese amor fue intenso, increíble, ingenuo, tierno, lleno de suspiros y de recuerdos que se han ido gastando. Esta historia sabe a nieve de nuez, huele a cempasuchitl y a dos cuerpos que se amaron, que se desnudaron sin preámbulos, a corazones que se deshicieron entre las manos.

Ella lo amó, lo amó como nunca había amado, le dio todo, su tiempo, su cariño, sus besos, lo dulce y lo amargo. Quiso mostrarle el mundo a través de sus ojos, le habló del cristo que tiene guardado, le contó de los libros que él nunca ha leído y de los poemas que le escribió cuando se estaba enamorando. Él tomó todo lo que ella le obsequió, se adueñó de su cuerpo, de su corazón y del espíritu indomable de una mujer que le ofreció el universo que habitaba entre sus ojos y sus manos.

Pero hay hombres que no están listos para amar, hombres que no saben amar, hombres que no quieren amar. Y hay mujeres necesitadas de amor, devotas del amor que creen que con su amor bastará para sostener una relación, que dan el corazón sin esperar nada a cambio. Y cuando un hombre se encuentra con una mujer así el universo se tambalea, el tiempo se detiene y las estrellas se lamentan por los corazones que serán lastimados.

Esta es la historia de una mujer que amó, que fue paciente y tolerante hasta límites insospechados, una mujer que tuvo que recoger los pedazos de su corazón cuando él dijo “no te amo”. Es la historia de un hombre que nunca se enamoró de la mujer que lo dejó todo por él, que dio todo por él, que no quiso nada más allá de él, que creyó en él, que confió en él, que por encima de todo y a pesar de todo lo escogió a él.

Él, que tiene nombre de mesías y corazón ingrato; él, que no aprendió a quererla, que no quiso quedarse para conquistar el mundo junto a ella, él, que prefirió guardar silencio antes que luchar una guerra que ella nunca dio por perdida aunque las batallas la hubiesen desgastado.

Lo amó, pero entendió que el amor no era doloroso, que quien te ama no te hace daño, aprendió que era hermosa, que había quien creía que sus inseguridades le quedaban preciosas cuando el ego se le subía demasiado. Se dio cuenta de que la vida no terminaba con él, que los hijos no eran parte del plan, que casarse no era necesario, que podía amar sin sentir vergüenza, que quien te ama no te engaña, no te esconde, no te cela. Aprendió que lo que él le dio nunca fue amor y que ella se enamoró de una ilusión, de algo que creyó ver pero nunca existió.

Un día despertó sin pensarlo, sonriéndole a la vida y confiando en que el destino tendría algo mejor que un amor mal pagado. Conoció nuevas personas, se vio reflejada en los ojos de otros y por primera vez no se vio llorando.

-Leí tu historia

-¡Qué pena!

-¿Todo eso te pasó?

-No todo, ella exageró.

Él fingió que le creía y ella quiso creer que lo engañó.




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