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Vamos a apagar la luz / CAPÍTULO X

El fin

-Ya no quiero nada contigo, es que tú quieres casarte, ser novios formales y yo no- le gritó.

-No es verdad, no fui yo. Fuiste tú quién me pidió que viviera contigo, fuiste tú quien habló de tener hijos en cinco años, tú querías una casa, tú hablaste de estar juntos, me pediste que confiara en ti. No fui yo, tú me ilusionaste, yo te creí, ¡carajo! te creí- gritó ella.

-¿Qué quieres? ¿Amor? No puedo darte amor como tú quieres, no te amo, no me nace besarte, tocarte, no me nace. Esto no es una relación, me presionas mucho.

-¡Idiota! Ya lo sé, ya no me besas, no haces nada, nunca haces nada por mí- le dijo y comenzó a llorar, no pudo más, se sentó en la cama y con las manos en la cabeza lloró.

-¿Qué quieres?- insistió el hombre.

-Que me devuelvas los últimos seis meses de mi vida, eso quiero, que me devuelvas mi vida. Que me devuelvas la confianza que tenía en mí. Te quiero lejos, eso quiero, quiero que no existas- balbuceó.

-Eso no puedo dártelo, nadie te dijo que te quedaras.

-Me quedé por ti, porque te creí, porque pensé que esto era una crisis. Te lo pregunté y dijiste que no pasaba nada que el problema no era yo. Me mentiste.

La discusión fue larga, todo terminó con un portazo y ella en el departamento llorando. Al día siguiente vagó por la ciudad, bajó del metro y encontró una iglesia, sonrió, la vida era una cabrona, pero ahí estaba sentada en una banca escuchando un sermón acerca del amor.

-Los seres humanos siempre caminamos en medio del bien y el mal. Le hacemos daño a las personas que amamos, los hacemos sufrir, somos mal agradecidos. Pero, hermanos, hay que saber perdonar, perdonar y seguir, si a quien amas te hace daño debes perdonarlo, porque eso es el amor, el amor perdona, no guarda rencor- dijo el cura.

Volvió al departamento y empacó sus cosas, buscó entre los muebles y recuperó todos sus libros. Subió a un taxi y se fue, regresó a casa con una maleta cargada de recuerdos y el corazón hecho pedazos.

Así la encontré, en medio de su habitación, con los ojos rojos y el rostro hinchado.

-Por favor, escribe mi historia- me pidió.

-No puedo, es algo muy reciente, aun duele- le respondí.

-Te prometo que dejará de doler, un día dejará de doler. No sé cómo ni cuándo pero lo olvidaré, te lo prometo.

No le creí, pensé que en menos de un mes volvería con él, que lo llamaría y le suplicaría. Creí que él querría volver con ella. No me equivoqué, él la buscó, le propuso seguir juntos “a su manera” y ella estuvo a punto de ceder, pero una amiga se encargó de recordarle que si duele no es amor. Y no volvió.

Y cuando todo parece desmoronarse siempre queda el consuelo de que tal vez existe Dios.

Todas las noches, como si de una letanía se tratara se sentaba en su cama y decía: Sé que voy a pedirte que lo hagas volver, pero por favor, no me dejes, acuérdate de mí, mírame, estoy sola, triste, cansada, dolida. Por favor, si no me ama llévatelo, dame fuerzas, no me dejes odiarlo, no dejes que el rencor eche raíz en mi corazón. Por favor, apiádate de mí, hazme sonreír otra vez, por favor y dónde él esté… que le vaya bien, si de algo sirve el amor que mi amor sea su bendición, pero no me dejes volver con él.

Y su Dios la escuchó.

 




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