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Hay que sacar a la poesía de los libros

Habrá que sacar a la poesía de los libros, ponerla en el patio de la casa del vecino, hacerla próxima.

En 2012, en Juchitán, en la Feria del Libro, invité a los amigos a una lectura en el patio de la casa de un vecino, fuera del programa oficial, “una acción que quite la solemnidad y la naftalina a los libros”, fue mi argumento, “donde lean todos”. Algunos de aquellos amigos eran jóvenes y anónimos, Michel Pineda, Rodrigo Vásquez, fundadores del Colectivo Bicuyuba;  un tal Fernando Lobo y su mujer, Isabel.

De cómo acabó aquello no quiero acordarme, pero pasaron a leer las jóvenes su poesía erótica, amorosa, los jóvenes, sus familiares. De pronto el patio estaba lleno de gente lectora, entusiasta. Era marzo, venían las fiestas de mayo, la lectura de poesía había sido el mejor preludio para los festejos de las deidades titulares.

Sacar a la poesía de los libros no es algo sencillo, hay que romper esquemas, ideas que nos llegan desde el siglo XVIII y siguen vigentes por pueblos y ciudades, la tertulia de los honorables y cultos, la lectura como  manifestación de clase social y distinción. “Lee, para que no te digan indio”.

En 2014 presenté “La Rezadora” en una casa abandonada con patio y tejavana que hospedó a principios del siglo pasado a la escuela primaria y posteriormente a las oficinas de Bienes Comunales, la organización campesina, en barrio Lieza, Santo Domingo Tehuantepec, en el Istmo.

El mismo ánimo, el mismo principio, sacar a la poesía del libro, ponerla en un sitio conocido. Colaboraron entusiastas mujeres del barrio, integramos poesía, fotografía, video y tradiciones zapotecas.

Llegó el 2015, “La Rezadora” en Casa del Lago Juan José Arreola. Las mujeres de barrio Lieza en CDMX, bosque de Chapultepec. “¿Qué vamos hacer ante tanta gente de la Universidad? preguntaba María Luisa Lalo, rezadora del grupo. “Hacer lo que siempre han hecho y saben hacer”, obtuvo como respuesta.

“Aprender a hablar es aprender a traducir”, dice Octavio Paz en su ensayo Traducción: literatura y literalidad (Tusquets, Marginales, Barcelona, 1971). Al seno mismo de nuestro pueblo somos dos pueblos extraños y necesitamos representar para comunicarnos entre nosotros.

El poema pide su traducción, de la lengua del libro a la lengua de la gente. “La traducción dentro de una lengua no es, en este sentido, esencialmente distinta a la traducción entre dos lenguas, y la historia de todos los pueblos repite la experiencia infantil: incluso la tribu más aislada tiene que enfrentarse, en un momento o en otro, al lenguaje de un pueblo extraño”, dije el poeta de Mixcoac.

Aquí hago una pausa, para lograr el poder los políticos nos dicen que hay un solo México, que todos pertenecemos a una misma nación, que nos unen territorio y lengua. No es verdad, resulta un argumento electorero. Salga usted a la esquina, converse con el taquero, necesitará un ejercicio de traducción para entenderse con ese hombre. Lea el periódico, un libro. ¿Por qué se abandona la lectura de los libros? ¿Por qué hay palabras domingueras? ¿Por qué hablamos el lenguaje de los cultos?

2016, Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), biblioteca pública municipal Ventura, San Martín, Mexicapam, Oaxaca de Juárez. La biblioteca se ubica en la colonia Emiliano Zapata, junto a las riberas del río Atoyac. Estas fueron tierras de labranza hasta hace 50 años, zona marginal, conurbada, con índices de violencia, narcomenudeo y crimen considerables. Ahí se expone una actividad hecha por niños, la exposición de dibujos “Oaxaca, libro de sueños”. Por un momento sentí que trabajaban con el mismo principio que había practicado con población joven, las mujeres, sacar al poema de los libros.

Gabriel Zaid dice que los poemas son una representación memorable, que buscan intervenir en la memoria de quien lo lee con una experiencia digna de su recuerdo, memorable, de ahí la vigencia del aforismo, la cláusula, la sentencia breve. Para que quien lee salga a la calle para hacer nuestra vida armado de frases, oraciones previamente dichas.

En todas partes vemos poesía, pero esta expresión de la poesía no la comprendemos porque no la traducimos a nuestro lenguaje, la expresión que creemos dominar. Esto es, no la hacemos nuestra porque hacemos la vida, el pensamiento, el lenguaje, con estructuras preestablecidas por la cultura. A alguien se le olvidó integrar poesía y poema dentro del concepto de cultura, y entendemos por culto lo digno de representación, lo bueno, lo bello, lo ideal, lo imitable. Lo memorable. Los blancos, los ricos, los adultos. El mundo. Dios. El Diablo. Fuera del concepto cultura que manejamos, que aprendemos en la infancia están las mujeres, los indios, los pobres, la gente. La calle, la cuadra, la esquina, el barrio, los perros.

En una de las actividades de la FILO los niños tomaron la biblioteca Ventura, y resultó algo digno de verse, realmente memorable, pongamos que fue el 14 de noviembre, lunes, al mediodía, pero esto no es algo que realmente importe.

“Hay muchas lenguas, dice Paz, pero el sentido es uno”. Ahí estaban los niños, impúdicos, arrojados, contando sus sueños, escribiendo, dibujando. Sin saber de pobreza, o marginación, índices de olvido con los que se mide a las sociedades modernas.

San Martín por la Secundaria, Oaxaca, noviembre de 2016.




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