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Vamos a apagar la luz / CAPÍTULO V

Levántate, levántate y anda

El psicólogo dijo que necesitaba respirar, que necesitaba retomar el control de su vida y olvidar sus dudas, el pasado y los reclamos. El psicólogo dijo que él no era el problema, que era ella, ella que no quería seguir sin él, ella que confiaba en que él volvería. El problema no era él, era ella, ella que creía, ella que tenía fe.

Y, como se trataba de un asunto de fe, recurrió a Dios, al Dios que tenía olvidado, a ese Dios que solo se busca cuando hay penas y reclamos, al Dios que es esperanza, tabla de salvación para los náufragos.

-Sé que no sabes mucho de mí, que casi no hablo contigo, que te he olvidado, pero… te necesito, hoy te necesito, necesito algo, algo- susurró.

No hubo respuesta y volvió a mojar la almohada con su llanto. -¿Cómo olvidas los planes? ¿Cómo te deshaces de los sueños? ¿Cómo te das la vuelta y sigues?- pregunta al silencio- ¿Cómo? Dime como.

El aire comienza a colarse por su ventana, hace frío, son las tres de la madrugada y no logra conciliar el sueño ni detener su llanto. Pero la vida sigue, no espera, el tiempo no se detiene cuando hay corazones destrozados.

Hace un mes que está llorando, ha sido un mes de comer a medias, de no vivir, de deambular de un lado a otro sin esperanzas, de fumar demasiado, de leer historias que espera la conmuevan o le den ánimos, un mes de no salir más de lo necesario, un mes de escribir mensajes diciendo que está bien aunque por dentro sienta el corazón hecho pedazos. Y su Dios y el psicólogo y las amigas y los amigos y los libros baratos no han logrado convencerla de que es tiempo de tomar impulso y salir volando.

Es un día más al calendario, está sentada en un cuarto de paredes blancas que huele a incienso y llanto.

-¿Por qué le diste tanto?- pregunta el hombre que está sentado frente a ella.

-Porque tenía miedo

-Repítelo

-Porque tenía miedo, porque tengo miedo ¡carajo! ¿Por qué no entiendes que lo amo?

-¿Por qué no te das cuenta de que te estás matando?

-No va a volver, ¿verdad?

-Eso no lo sé, nadie lo sabe, pero no puedes continuar esperando, si vuelve… si vuelve y te mira así, te encuentra así, en ese estado ¿crees que quiera quedarse con alguien así? ¿con alguien que detiene su vida por un amor mal pagado?

-No.

-Entonces… levántate, levántate y anda.

Ella levanta la cabeza y lo mira con sorpresa, sabe que su fe ha surtido efecto, que si Dios existe por fin ha hablado, que el destino, la vida, el tiempo, la energía, el espacio, algo… algo la ha escuchado. Por primera vez, después de treinta días, algo parecido a una sonrisa le cruza por los labios.

Le escribió una carta, la leyó mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas, no la envió, era suya, era su carta, la carta en que enumeraba todos los planes no consumados, los sueños que se quedaron en el firmamento en que escriben los enamorados. Ahí estaban todas sus fantasías, sus deseos, sus historias que ahora solo son pasado, mira al cielo y murmura –Te amé, te amo demasiado, pero me juro que si un día vuelves tendrás que buscarme, no te estaré esperando, ya no puedo esperarte, no puedo seguir dando tanto.

No, aun no es libre, pero algo ha cambiado, hay esperanza, tiene esperanza, por fin tiene ganas de dejar de pensar en el pasado. Pero como nadie dijo que sería fácil, el dolor golpea fuerte y la deja sin aliento cuando aparece un mensaje que no había esperado… “Hola ¿Cómo estás? Te extraño”.

Nada está escrito, nada está dicho mientras los amantes sigan respirando.

 




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