espejo1

Vamos a apagar la luz /CAPÍTULO III

Te amo

Está acostada junto a él, sus manos tiemblan, el labio comienza a dolerle de tanto morderlo. Tiene miedo, una cosa es denudarse, tomarse las manos, llenarse de besos. Pero amar, amar es lo difícil, mostrar el alma, los demonios, los deseos, los sueños. Nadie nos prepara para eso. Nada nos prepara para la revelación que es estar amando a quien puede que sea ajeno al sentimiento.

Llora en silencio, él está dormido. Ella no tiene sueño, tiene miedo, está aterrada, paralizada. ¿Y si él no quiere? ¿Y si él tiene miedo?

Se levanta de la cama y se observa en el espejo, ahí está, con el cabello enmarañado y los ojos hinchados, con el cuerpo lleno de él, con el corazón danzando al ritmo de la respiración de quién puede que quiera huir en cuanto se de cuenta de lo que ella está sintiendo.

Nunca había pensado en el futuro, ¿quién quiere futuro? Si vivir es morir poco a poco y en silencio. Quiere más, quiere despertar a su lado todos los días, quiere adivinarle los pensamientos, quiere ver sus ojos cada día por el resto de los días que puedan robarle al tiempo.

Tiene miedo, por primera vez en su vida está soñando con alguien, con tener a alguien, con tener hijos, casa, perro… lo quiere todo, pero él, él no va a quererlo, ¿cómo convencerlo? ¿Cómo convencerlo de que el amor no hace daño? ¿Cómo hacerlo soñar? ¿Cómo soñar sin tener miedo?

¿Y si me voy?- le pregunta al silencio- ¿Si me voy vas a seguirme? ¿Vas a buscarme? ¿Me seguirías hasta el fin del universo?

Él no responde, está durmiendo.

Lo observa con detenimiento, quiere grabar en su memoria la imagen de su rostro, de su pecho. Sabe que nada es para siempre, que todo es finito, que solo el Dios en el que cree es eterno. Lo sabe lejos, sabe que él vive el momento, pero ella ya no puede vivir el momento, ya no puede respirar sin sentido, ya no puede fumar sin pensar en que se está matando, ya no puede vivir sin pensar que él puede huir en cualquier momento.

¿Me amas? ¿Me quieres? ¿Quieres casarte conmigo?- susurra- ¿Quieres casarte conmigo y ser felices durante lo que nos reste de vida? ¿Me quieres? ¿Tienes miedo? No debes tener miedo, te amo, ¿lo escuchas?, te amo, más allá de ti, más allá de mí, más allá de este universo. Te amo, sé que eres tú, que no podría ser nadie más que tú. Lo sé porque por ti siento lo que jamás había sentido, lo que creí que solo existía en los libros y los sueños. Te amo, y por primera vez en mucho tiempo, soy feliz, soy feliz contigo, con tus arranques de dicha y tu mal genio, te amo, amo cada virtud y cada defecto. Amo tu presencia en mi vida, eres la bendición más inesperada que me ha dado el universo. No, no eres perfecto, pero para mí eres lo mejor que pudo darme el destino.

Acaricia su rostro con ternura y las lágrimas comienzan a correr por sus mejillas. ¿Quién lo diría? Ella, la eterna pesimista, la que creía que el amor era un cuento de mal gusto, un mal chiste, un imposible, algo negado para los que no creen en el tiempo.

-Te amo, a pesar de todo, en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, aunque tú no me ames, aunque tú no sueñes con una casa y un perro. Te amo con mis mil defectos, con toda la intensidad que habita en mí, con todo el dolor que habita en mí, con mi pasado, con mi presente, con todo el corazón. Te amo, te amaré incluso en los días más negros.

Él no lo sabe, pero ella le entregó el corazón en un beso, ella le entregó el alma en un abrazo y se aferró a su amor como se aferran los desposeídos al cielo. Él no lo sabe, pero ella cree en él, cree en ellos. Por primera vez en su vida cree en el amor, y cree que ese amor es verdadero, aunque sea estéril, aunque él no la ame con la misma intensidad.

Porque eso es el amor, el amor verdadero, el que todo lo cree, el que todo lo puede, el que lo cura todo, el que lo soporta todo, el que se transforma pero nunca deja de ser sentimiento. Ese es el amor que está sintiendo, el que sabe que la calamidad se aproxima y aun así se mantiene firme y creyendo. El que es libre, el que no ata, el que deja que el ser amado vuele libre por el firmamento. Ese es el amor que ella siente por él. Tiene ganas de amarrarlo a su vida, pero lo ama tanto que lo prefiere lejano, ajeno a sus sentimientos, lo prefiere feliz antes que esclavizado.

-Aunque tú me dejes, yo voy a seguir amándote- le susurra al oído mientras lo abraza-. Aunque nunca estemos juntos, voy a seguir amándote.

Él sigue durmiendo, ignorando todo lo que pasa en su alcoba en ese momento, él no sabe que ella acaba de abrir el corazón por completo, que se arriesgará a sufrir, a sentir dolor, tristeza y tormentos. Porque prefiere amarlo que dejarlo, porque lo prefiere durante los días que puedan estar juntos que tener una vida sin recuerdos.

Por fin se ha dormido, él despierta y siente su cuerpo.

-Te voy a hacer daño- le susurra-. Vas a terminar odiándome, ¿por qué te enamoraste de mí? Te enamoraste ¿verdad? No me ames, por favor no me ames, no quiero perderte, no quiero despertar y no verte, y no tocarte, y no besarte, y no hablarte. No me ames, por favor, no me ames, así estamos bien, tú me quieres, yo te quiero.

Están dormidos, dos cuerpos, son solo dos cuerpos, dos corazones que no laten al mismo ritmo, dos seres distintos, dos personas que están juntas y solas en este momento, están solas, no notan que son solo cuerpos, que sienten distinto, que piensan, que sueñan, que esperan, que planean destinos… distintos.

Pero, ¿cómo podría ser esta una historia de amor si no hubiese amor de por medio? ¿Cómo podría tener sentido la vida sin un poco de dolor? ¿Cómo sabrá ella que es amor si no supera su miedo? ¿Cómo va a encontrar su fuerza interior si él no le rompe el corazón? ¿Cómo va probar su fortaleza si él no destruye sus sueños? ¿Cómo sabrá que es amor si no se arriesga a perderlo?




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